29 feb. 2016

Thoreau (muebles)

Adriaen Coorte, Five shells on slab of stone, 1696

La mayoría de hombres no parecen haber parado mientes jamás en qué significa una casa, y viven pobremente toda su vida, innecesariamente, porque creen su deber el hacerse con una como la del vecino. (...) Cuando pienso en los benefactores de la raza, a quienes apoteósicamente hemos ensalzado como mensajeros del cielo portadores de divinos presentes, no puedo imaginármelos con séquito alguno ni impedimenta de muebles a la moda. Y puestos a conceder -que no sería poco-, ¡que nuestros muebles fueran tanto más complejos que los del árabe como mayores nuestras facultades morales e intelectuales con respecto a las suyas! Ahora nuestros hogares aparecen abarrotados de ellos, y una buena ama de casa barrería la mayor parte con la basura y aún le quedaría faena matinal por hacer. ¡Faena matinal! ¡Por los arreboles de Aurora y la música de Memnon, ¿cuál debería ser el trabajo matutino del hombre en este mundo?! Yo tenía tres pedazos de piedra caliza sobre el escritorio y con gusto me libré de ellos al ver, espantado, que era necesario quitarles el polvo cada mañana, cuando el mobiliario de mi mente no se había desprovisto aún del suyo. ¿Cómo iba yo a tener, pues, una casa amueblada? Preferiría sentarme al aire libre porque en la hierba no se forma polvo, salvo donde el hombre ha desnudado al suelo de ella.

Henry D. Thoreau, Walden. Ed. Juventud, págs. 56-57. Trad. Carlos Sánchez Rodrigo

24 feb. 2016

Cézanne (cráneos)

Nature morte: crâne et bouilloire, 1864-65

Crâne et chandelier, 1866

Nature morte au crâne, 1896-1898
Jeune homme à la tête de mort, 1896-98

Nature morte aux trois crânes, 1898-00


Pyramide de crânes, 1898-00

Still life with skull, 1900

Trois crânes sur un tapis d'Orient, 1904

Les trois crânes, 1902-06

19 feb. 2016

Hardt y Negri (el pobre)

Puvis de Chavannes, Le pauvre pêcheur, 1887

En todos y cada uno de los períodos históricos, es posible identificar, a veces negativamente, pero invariablemente de manera apremiante, a un sujeto social que está siempre presente, es en todas partes el mismo y siempre lleva una forma común de vida. Esta forma no es la de los poderosos y los ricos: éstos son cifras meramente parciales y localizadas, quantitate signatae. El único «nombre común» no localizado de diferencia pura en todas las épocas es el de los pobres. El pobre está desamparado, excluido, se lo reprime y explota. ¡Y aún así vive! El común denominador de la vida, la base de la multitud. Es extraño, pero también esclarecedor, que los autores posmodernos rara vez adopten esta figura en sus teorizaciones. Es extraño porque el pobre es, en cierto sentido, una eterna figura posmoderna: la figura de un sujeto móvil, transversal, omnipresente y diferente; el testamento del carácter incontrolable y aleatorio de la existencia.

Este nombre común, el pobre, es también el fundamento de toda posibilidad de humanidad. Como lo señalaba Nicolás Maquiavelo, en el «retorno a los comienzos» que caracteriza la fase revolucionaria de las religiones y las ideologías de la modernidad, siempre se ve al pobre como a alguien que tiene una capacidad profética: el pobre no solo está en el mundo, sino que es la posibilidad misma del mundo. Solo el pobre vive radicalmente el ser presente y real, en la indigencia y el sufrimiento, y por ello solo el pobre tiene la capacidad de renovar el ser. La divinidad de la multitud, de los pobres, no apunta a ninguna trascendencia. Por el contrario, aquí y solo aquí, en este mundo, en la existencia de los pobres queda presentado, confirmado, consolidado y abierto el campo de la inmanencia. El pobre es Dios en la tierra.

Michael Hardt y Antonio Negri, Imperio, Ed. Paidós, págs. 176-177. Trad. Alcira Bixio

11 feb. 2016