7 oct. 2010

Hannah Arendt (La crisis de la cultura)

Lo cierto es que, de una forma u otra, todos necesitamos diversión y entretenimiento, todos estamos sometidos al gran ciclo de la vida; y es una clara hipocresía o puro snobismo social negar que podamos divertirnos o entretenernos exactamente con las mismas cosas que divierten y entretienen a las masas de nuestros conciudadanos. Ciertamente, por lo que respecta a la supervivencia de la cultura, está menos amenazada por aquellos que dedican su tiempo libre al simple entretenimiento que por aquellos otros que emplean desordenadamente su ocio en algún dispositivo del conocimiento con el único fin de mejorar su estatus social (...).

La cultura de masas aparece cuando la sociedad de masas se apropia de los objetos culturales, entonces el peligro estriba en que el proceso social (que, como todo proceso biológico, incorpora insaciable al ciclo de su metabolismo todo lo que encuentra a su paso) esos objetos resultarán literalmente devorados, consumidos y destruidos. Con ello, por supuesto, no me estoy refiriendo a la distribución masiva. Cuando libros, cuadros y fotos salen al mercado a un precio accesible y consiguen grandes ventas, esto no afecta a la naturaleza de los objetos en cuestión. En cambio, su naturaleza sí se ve afectada cuando estos objetos son alterados -reescritos, condensados, compendiados- reducidos a kitsch reproducido, o como preparación para películas. Esta operación no significa que la cultura se difunda entre las masas, sino que la cultura está siendo destruida para dejar paso al entretenimiento. El resultado no es la desintegración, sino la decadencia y aquellos que la promueven no son los compositores de Tin Pan Alley, sino una clase especial de intelectuales, a menudo cultivados y bien informados, cuya sola función es organizar, difundir y alterar los objetos culturales de manera que persuadan a las masas de que Hamlet es tan entretenido como My fair lady, y quizás igualmente instructivo (...). 

La cultura tiene que ver con los objetos y es un fenómeno del mundo, el entretenimiento tiene que ver con la gente y es un fenómeno de la vida. Un objeto es cultura en la medida en que pueda durar; la durabilidad es el justo opuesto de la funcionalidad, que es la cualidad que lo hace desaparecer del mundo fenomenológico mediante su uso y agotamiento. El gran usuario y consumidor de objetos es la vida misma, la vida del individuo y de la sociedad como un todo. (...) La cultura se ve amenzada cuando todos los objetos y cosas materiales, producidas en el presente o el pasado, son tratados como meras funciones del proceso vital social, como si estuvieran ahí sólo para completar ciertas necesidades y, precisamente por este funcionalismo, es prácticamente irrelevante si las necesitades en cuestión son de orden elevado o innoble. (...) El resultado no es, por supuesto, una cultura de masas que en puridad no existe, sino un ocio de masas que se nutre de los objetos culturales del mundo. Creer que una sociedad de este tipo será "más culta" con el tiempo y con el trabajo de la educación es, a mi parecer, un error fatal.
Between past and future, 1961, (p. 207/208), Ed. Penguin, 1993.

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