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17 mar 2016

El club (poema de Sandokán)

El club, guion Pablo Larraín, Guillermo Calderón y Daniel Villalobos

Corazón de porcelana,
quien te quiere quien te ama,
Sandokán se llama
del cielo cayó una rosa
del viento la deshojó
y en cada pétalo dicía
Sandokán me llamo yo
naranja china
limón francé
dame un besito
que tengo sed

[…]
  yo lo vi llegal en el auto negro
¿por qué no salen a conversar conmigo?
¿por qué no vienen a conversar conmigo?
¿ah?
¿por qué no viene a conversar conmigo, curita Matía Lazcano?
cuando lo curita lo recogían
cuando lo recogían del hogal
pa la involucración de la palabra de Dio
decía el sermón del Jesusito
de la Biblia
cuando lo curita lo acogían
cuando yo tenía que servir de lacayo ahí
y teníamo que servile el cáliz
y en general todos los curitas que se tocaban los genitales
deben haber sido como tres lo curita que se tocaban los genitales
de ahí se procedía a la masturbación
automasturbación
que ellos mismos se hacían con la base del prepucio
claramente se veía cuando el prepucio
siba patrá padelante
patrá padelante
hasta que llegaba la eyaculación
depué lo hacían la cosa sexual
lo penetraban analmente
y luego acabaan en la cara

[…]
 usté está allá adentro, curita Matías Lazcano,
¿te acuerda cuando me acababa en la cara
y después me hacías orar el Padre Nuestro y me decía: ¡eso no es oral, guacho culiao!
¡esto es sexo oral! y me metía el pene en la boca
y era un pene grande así
y como yo era niño a mí a vece la abertura de la boquita me dolía
porque la abertura, como yo era niño, no me daba para el tamaño del pene del curita
pero igual me acababa
y me obligaba a mi a vece me daban gómitos con la parte del semen
¡a mí me daban gómito con la parte del semen!
porque el curita despué me daba las pastillas de mentol
y así el semen no se siente tan escuálido
tan estraño
tan salao
se sentían terrible suave
lo curita 

después el curita me decía:
“mire, usté todo lo que ve alrededor, es obra de Dios”
y yo le decía al curita
[…]
y se come el prepucio
[…] 

nos llevaan al baño
y entonces meábamos el pene

y entonces volvíamos a hacer el amor
volvíamos a comer a burgel king, la cajita feliz y volvíamos a la bici y los volvían a hacel el amol
soy tu hijo decían y tómate la cabecita el glande
y échalo rápidito patlás y se come
y se traga ese líquido seminal
vital
que va al final
a meterse por todo su organismo, hijo mío,
porque usté es un enviado del señor
"toy tocado por el señor"
"toy tocado por el señor"
así me decía.

22 ene 2016

Franco Citti (1935-2016)

Franco Citti, Pier Paolo Pasolini, Ninetto Davoli y Ettore Garofolo
Franco Citti, Pier Paolo Pasolini, Ninetto Davoli and Ettore Garofolo - See more at: http://www.vogue.it/en/people-are-talking-about/vogue-arts/2014/02/gianni-amelio-and-others-in-berlin#ad-image328349
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11 sept 2015

Wyndham Lewis (literatos)

Praxitella (Iris Barry), 1921

Edith Sitwell, 1923-35

Stephen Spender, 1939

Nigel Tangye, 1946

28 ago 2015

Dostoievski (caballeros sabelotodo)

Frits van den Berghe, De idioot bij de vijver (The idiot near the pond), 1926 

Esta clase de caballeros que lo saben todo suelen encontrarse con bastante frecuencia en cierta capa social. No hay nada que ignoren: toda su curiosidad espiritual, todas sus facultades de investigación se dirigen sin cesar en igual sentido, sin duda por carencia de ideas e intereses vitales más importantes, como diría un pensador moderno. Añadamos que esa omnisciencia que poseen está circunscrita a un campo harto restringido: les consta en qué departamento sirve Fulano, qué amistades tiene, qué fortuna posee, de dónde ha sido gobernador, con quién está casado, qué dote le aportó su mujer, quiénes son sus primos en primero y segundo grado, y otras cosas por el estilo. Por regla general, estos caballeros que lo saben todo llevan los codos rotos y ganan diecisiete rublos al mes. Las personas de quienes conocen tantos detalles se quedarían muy confusas si lograran saber cómo y por qué estos señores omniscientes están tan bien informados de sus existencias. Sin duda los interesados encuentran algún consuelo positivo en poseer semejantes conocimientos, que consideran una completa ciencia de la que derivan una alta estima de sí mismos y una elevada satisfacción espiritual. Y es, en efecto, una ciencia subyugadora. Yo he conocido literatos, intelectuales, poetas y políticos, que parecían hallar en semejante disciplina científica su mayor deleite y su meta final habiendo hecho, además, su carrera gracias a ella.

Fiodor Dostoievski, El idiota. Alianza editorial, 1999. Trad. Juan López-Morillas