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11 dic 2019

Thomas Mann (conocimiento imperfecto)

Andrzej Wróblewski, Kolejka wciąż trwa, 1956

Nada hay más extraño ni más delicado que la relación entre personas que sólo se conocen de vista, que se encuentran y se observan cada día, a todas horas, y, no obstante, se ven obligadas, ya sea por convencionalismo social o por capricho propio, a fingir una indiferente extrañeza y a no intercambiar saludo ni palabra alguna. Entre ellas va surgiendo una curiosidad sobreexcitada e inquieta, la histeria resultante de una necesidad de conocimiento y comunicación insatisfecha y anormalmente reprimida, y, sobre todo, una especie de tenso respeto. Pues el hombre ama y respeta al hombre mientras no se halle en condiciones de juzgarlo, y el deseo vehemente es el resultado de un conocimiento imperfecto.

Thomas Mann, La muerte en Venecia, Ed. Edhasa, pág. 95 (Trad. Juan del Solar)

16 feb 2017

Robert Walser (Jakob von Gunten II)


De Kraus tendré que hablar muchísimo. Es el más honesto y hábil de todos nosotros, los alumnos, y la honestidad y habilidad son ámbitos realmente inagotables e inconmensurables. Nada logra conmover tanto como oler y ver algo bueno y honesto. Las sensaciones de maldad y de bajeza se agotan muy pronto, pero percibir algo noble y honrado es muy difícil y a la vez muy atrayente. No, los vicios me interesan mucho, pero mucho menos que las virtudes.

Robert Walser, Jakob von Gunten (Pags. 27 y 28), Ed. Alfaguara, 1983. Trad. Juan J. del Solar.

31 dic 2016

Dino Buzzati (sufrimiento y soledad)

Dino Buzzati, Piazza del Duomo di Milano, 1952

Poco a poco la confianza se debilitaba. Es difícil creer en algo cuando uno está solo y no puede hablar de ello con nadie. Precisamente en esa época Drogo se dio cuenta de que los hombres, por mucho que se quisieran, siempre permanecen alejados; si uno sufre, el dolor es completamente suyo, ningún otro puede tomar para sí ni una mínima parte; si uno sufre, no por eso los otros sienten daño, aunque el amor sea grande, y eso provoca la soledad en la vida.

A poco a poco la fiducia si affievoliva. Difficile è credere in una cosa quando si è soli, e non se ne può parlare con alcuno. Proprio in quel tempo Drogo si accorse come gli uomini, per quanto possano volersi bene, rimangono sempre lontani; che se uno soffre il dolore è completamente suo, nessun altro può prenderne su di sé una minima parte; che se uno soffre, gli altri per questo non sentono male, anche se l'amore è grande, e questo provoca la solitudine della vita.

Dino Buzzati, El desierto de los tártaros. Alianza Editorial, p. 209. Trad. Esther Benítez.

11 nov 2016

Drieu La Rochelle (suicidio)


"Je me tue parce que vous ne m'avez pas aimé, parce que je ne vous ai pas aimés. Je me tue parce que nos rapports furent lâches, pour resserrer nos rapports. Je laisserai sur vous une tache indélébile. Je sais bien qu'on vit mieux mort que vivant dans la mémoire de ses amis. Vous ne pensiez pas à moi, eh bien, vous ne m'oublierez jamais!".

Me mato porque no me habéis querido, porque yo no os he querido. Me mato porque nuestras relaciones fueron cobardes, para estrechar nuestros lazos. Dejaré sobre vosotros una mancha indeleble. Sé bien que se vive mejor muerto que vivo en la memoria de los amigos. No pensabais en mi, pues bien, ¡no me olvidaréis jamás!

Pierre Drieu La Rochelle, Le feu follet, 1931.

17 mar 2016

El club (poema de Sandokán)

El club, guion Pablo Larraín, Guillermo Calderón y Daniel Villalobos

Corazón de porcelana,
quien te quiere quien te ama,
Sandokán se llama
del cielo cayó una rosa
del viento la deshojó
y en cada pétalo dicía
Sandokán me llamo yo
naranja china
limón francé
dame un besito
que tengo sed

[…]
  yo lo vi llegal en el auto negro
¿por qué no salen a conversar conmigo?
¿por qué no vienen a conversar conmigo?
¿ah?
¿por qué no viene a conversar conmigo, curita Matía Lazcano?
cuando lo curita lo recogían
cuando lo recogían del hogal
pa la involucración de la palabra de Dio
decía el sermón del Jesusito
de la Biblia
cuando lo curita lo acogían
cuando yo tenía que servir de lacayo ahí
y teníamo que servile el cáliz
y en general todos los curitas que se tocaban los genitales
deben haber sido como tres lo curita que se tocaban los genitales
de ahí se procedía a la masturbación
automasturbación
que ellos mismos se hacían con la base del prepucio
claramente se veía cuando el prepucio
siba patrá padelante
patrá padelante
hasta que llegaba la eyaculación
depué lo hacían la cosa sexual
lo penetraban analmente
y luego acabaan en la cara

[…]
 usté está allá adentro, curita Matías Lazcano,
¿te acuerda cuando me acababa en la cara
y después me hacías orar el Padre Nuestro y me decía: ¡eso no es oral, guacho culiao!
¡esto es sexo oral! y me metía el pene en la boca
y era un pene grande así
y como yo era niño a mí a vece la abertura de la boquita me dolía
porque la abertura, como yo era niño, no me daba para el tamaño del pene del curita
pero igual me acababa
y me obligaba a mi a vece me daban gómitos con la parte del semen
¡a mí me daban gómito con la parte del semen!
porque el curita despué me daba las pastillas de mentol
y así el semen no se siente tan escuálido
tan estraño
tan salao
se sentían terrible suave
lo curita 

después el curita me decía:
“mire, usté todo lo que ve alrededor, es obra de Dios”
y yo le decía al curita
[…]
y se come el prepucio
[…] 

nos llevaan al baño
y entonces meábamos el pene

y entonces volvíamos a hacer el amor
volvíamos a comer a burgel king, la cajita feliz y volvíamos a la bici y los volvían a hacel el amol
soy tu hijo decían y tómate la cabecita el glande
y échalo rápidito patlás y se come
y se traga ese líquido seminal
vital
que va al final
a meterse por todo su organismo, hijo mío,
porque usté es un enviado del señor
"toy tocado por el señor"
"toy tocado por el señor"
así me decía.

29 feb 2016

Thoreau (muebles)

Adriaen Coorte, Five shells on slab of stone, 1696

La mayoría de hombres no parecen haber parado mientes jamás en qué significa una casa, y viven pobremente toda su vida, innecesariamente, porque creen su deber el hacerse con una como la del vecino. (...) Cuando pienso en los benefactores de la raza, a quienes apoteósicamente hemos ensalzado como mensajeros del cielo portadores de divinos presentes, no puedo imaginármelos con séquito alguno ni impedimenta de muebles a la moda. Y puestos a conceder -que no sería poco-, ¡que nuestros muebles fueran tanto más complejos que los del árabe como mayores nuestras facultades morales e intelectuales con respecto a las suyas! Ahora nuestros hogares aparecen abarrotados de ellos, y una buena ama de casa barrería la mayor parte con la basura y aún le quedaría faena matinal por hacer. ¡Faena matinal! ¡Por los arreboles de Aurora y la música de Memnon, ¿cuál debería ser el trabajo matutino del hombre en este mundo?! Yo tenía tres pedazos de piedra caliza sobre el escritorio y con gusto me libré de ellos al ver, espantado, que era necesario quitarles el polvo cada mañana, cuando el mobiliario de mi mente no se había desprovisto aún del suyo. ¿Cómo iba yo a tener, pues, una casa amueblada? Preferiría sentarme al aire libre porque en la hierba no se forma polvo, salvo donde el hombre ha desnudado al suelo de ella.

Henry D. Thoreau, Walden. Ed. Juventud, págs. 56-57. Trad. Carlos Sánchez Rodrigo

19 feb 2016

Hardt y Negri (el pobre)

Puvis de Chavannes, Le pauvre pêcheur, 1887

En todos y cada uno de los períodos históricos, es posible identificar, a veces negativamente, pero invariablemente de manera apremiante, a un sujeto social que está siempre presente, es en todas partes el mismo y siempre lleva una forma común de vida. Esta forma no es la de los poderosos y los ricos: éstos son cifras meramente parciales y localizadas, quantitate signatae. El único «nombre común» no localizado de diferencia pura en todas las épocas es el de los pobres. El pobre está desamparado, excluido, se lo reprime y explota. ¡Y aún así vive! El común denominador de la vida, la base de la multitud. Es extraño, pero también esclarecedor, que los autores posmodernos rara vez adopten esta figura en sus teorizaciones. Es extraño porque el pobre es, en cierto sentido, una eterna figura posmoderna: la figura de un sujeto móvil, transversal, omnipresente y diferente; el testamento del carácter incontrolable y aleatorio de la existencia.

Este nombre común, el pobre, es también el fundamento de toda posibilidad de humanidad. Como lo señalaba Nicolás Maquiavelo, en el «retorno a los comienzos» que caracteriza la fase revolucionaria de las religiones y las ideologías de la modernidad, siempre se ve al pobre como a alguien que tiene una capacidad profética: el pobre no solo está en el mundo, sino que es la posibilidad misma del mundo. Solo el pobre vive radicalmente el ser presente y real, en la indigencia y el sufrimiento, y por ello solo el pobre tiene la capacidad de renovar el ser. La divinidad de la multitud, de los pobres, no apunta a ninguna trascendencia. Por el contrario, aquí y solo aquí, en este mundo, en la existencia de los pobres queda presentado, confirmado, consolidado y abierto el campo de la inmanencia. El pobre es Dios en la tierra.

Michael Hardt y Antonio Negri, Imperio, Ed. Paidós, págs. 176-177. Trad. Alcira Bixio

14 ene 2016

Robert Walser (Jakob von Gunten)

Institute Benjamenta (Stephen y Timothy Quay, 1996)

Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y, nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada; es decir, que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores, eso sí. Pero ¿qué ventaja se obtiene con ellos? ¿A quién dan de comer las conquistas interiores? A mi me encantaría ser rico, pasear en berlina y malgastar dinero.

Robert Walser, "Jakob von Gunten" (Pag. 11), Ed. Alfaguara, 1983. Trad. Juan J. del Solar.

11 sept 2015

Wyndham Lewis (literatos)

Praxitella (Iris Barry), 1921

Edith Sitwell, 1923-35

Stephen Spender, 1939

Nigel Tangye, 1946

28 ago 2015

Dostoievski (caballeros sabelotodo)

Frits van den Berghe, De idioot bij de vijver (The idiot near the pond), 1926 

Esta clase de caballeros que lo saben todo suelen encontrarse con bastante frecuencia en cierta capa social. No hay nada que ignoren: toda su curiosidad espiritual, todas sus facultades de investigación se dirigen sin cesar en igual sentido, sin duda por carencia de ideas e intereses vitales más importantes, como diría un pensador moderno. Añadamos que esa omnisciencia que poseen está circunscrita a un campo harto restringido: les consta en qué departamento sirve Fulano, qué amistades tiene, qué fortuna posee, de dónde ha sido gobernador, con quién está casado, qué dote le aportó su mujer, quiénes son sus primos en primero y segundo grado, y otras cosas por el estilo. Por regla general, estos caballeros que lo saben todo llevan los codos rotos y ganan diecisiete rublos al mes. Las personas de quienes conocen tantos detalles se quedarían muy confusas si lograran saber cómo y por qué estos señores omniscientes están tan bien informados de sus existencias. Sin duda los interesados encuentran algún consuelo positivo en poseer semejantes conocimientos, que consideran una completa ciencia de la que derivan una alta estima de sí mismos y una elevada satisfacción espiritual. Y es, en efecto, una ciencia subyugadora. Yo he conocido literatos, intelectuales, poetas y políticos, que parecían hallar en semejante disciplina científica su mayor deleite y su meta final habiendo hecho, además, su carrera gracias a ella.

Fiodor Dostoievski, El idiota. Alianza editorial, 1999. Trad. Juan López-Morillas

24 jul 2015

21 jun 2015

Scholem (poema sobre Kafka)



¿Nos hemos apartado totalmente de ti?
Dios mío, ¿no nos está reservado
ni un hálito de tu paz,
de tu mensaje, en esta noche?

¿Puede haber expirado tu palabra
así en el vacío de Sión?
¿Ni siquiera se ha introducido
en este reino mágico de apariencia?

Casi consumado hasta el techo
está ya el gran engaño del mundo
Concede Dios, que despierte aquél 
al que tu nada penetró.

Sólo así la revelación ilumina
el tiempo que te condenó,
sólo tu nada es la experiencia
que puede obtener de ti.

Sólo así entra en la memoria 
la enseñanza que rasga la apariencia:
el más seguro legado
del tribunal oculto.

En la balanza de Job nuestro lugar
fue medido con precisión
sin consuelo como el Día del Juicio
hemos sido conocidos a fondo.

En instancias infinitas
se refleja lo que somos.
Nadie conoce el camino
cada trayecto nos ciega.

A nadie le puede ser provechosa la salvación, 
esta estrella está demasiado alta
y si también tú hubieras llegado allí,
te obstaculizarías a tu mismo el camino.

Entregada a merced de los poderes
que ya no están dominados por la súplica,
no puede desplegarse ninguna vida
que no se hunda en sí misma.

Del centro de la destrucción
A veces surge un rayo,
mas ingenuo señala la dirección
que nos ordenó la ley.
Desde que este triste conocimiento
permanece intocable ante nosotros,
se ha rasgado súbitamente un velo,
Dios, ante tu majestad.

Tu proceso comenzó en la tierra,
¿concluye ante tu trono?
Tú no puedes ser defendido
ahí no vale ninguna ilusión.

¿Quién es el acusado?
¿tú o la criatura?
Si alguien te lo preguntara
sólo te hundirías en el silencio.

¿Puede hacerse una pregunta así?
¿Es indeterminada la respuesta?
Ay, tenemos que vivir, sin embargo,
hasta que nos interrogue tu tribunal.

Gershom Scholem, Poema didáctico (1934) en Walter Benjamin/Gershom Scholem, Correspondencias 1933-1940, Ed. Taurus, 1980. Trad. Rafael Lupiani y Begoña Lloret.

20 may 2015

Baudelaire (el comercio)

Jan Gossaert, Portrait of a merchant, 1530

El comercio es, por su esencia, satánico. El comercio es el «toma y daca», pero, sobre todo, el préstamo con el sobrentendido: Devuélveme más de lo que te doy.
El espíritu de todos los comerciantes está completamente viciado.
El comercio es natural; por consiguiente, es infame.
El menos infame de todos los comerciantes es aquel que dice: «Seamos virtuosos, y así ganaremos más dinero que los imbéciles que son viciosos...»
Para el comerciante, la misma honradez es una especulación de lucro. 
El comercio es satánico, porque es una de las formas del egoísmo, y la más baja, y la más vil.

Charles Baudelaire, Mi corazón al desnudo, (p. 63), Ed. Apolo, 1947, Trad.Agustín Esclasans.

27 mar 2015

Dostoyevski (el juego y el espectáculo del caballero)

 
Edvard Munch, By the roulette, 1892

Hay dos clases de juego: uno de caballeros; otro, plebeyo, ávido de ganancias, el juego de la canalla. Aquí todo está rigurosamente delimitado, ¡y hasta qué punto es infame esta delimitación! Un caballero, por ejemplo, puede jugarse cinco o diez luises, rara vez más. Puede, también, jugarse incluso mil francos, si es muy rico, pero por el propio juego, por puro entretenimiento, por el placer de observar el proceso de ganancias y pérdidas, pero jamás interesándose por el dinero. Si gana, puede, por ejemplo, reír en voz alta, hacer una observación a alguien que esté cerca, incluso jugar otra vez, doblar la apuesta, pero sólo por curiosidad, para observar las posibilidades, calcular, y no por el deseo plebeyo de ganar. En una palabra, debe ver en todas esas mesas de juego, ruletas, trente et quarante, simples medios de diversión, hechos únicamente para su placer. No debe, siquiera, sospechar la existencia del provecho ni de la trampa, en que se basa la banca. No estaría nada, pero que nada mal si todos los demás jugadores, la chusma que tiembla por unos florines, le parecieran ricos caballeros como él mismo, que jugaran únicamente por entretenerse y pasar el tiempo. Este absoluto desconocimiento de la realidad y esta idea cándida acerca de los hombres resulta, naturalmente, muy aristocrática.

(...) Un auténtico caballero, aunque haya perdido toda su fortuna, no debe exteriorizar sus sentimientos: un caballero tiene que estar por encima del dinero, éste no debe preocuparle. Naturalmente, lo más aristocrático es ignorar toda esta inmundicia, toda esa chusma, todo ese ambiente. Aunque, a veces, resulte no menos aristocrático proceder a la inversa, es decir, observar, con un anteojo, por ejemplo, toda esa canalla; pero a condición de aceptar esa muchedumbre y esa inmundicia como una especie de diversión, como una función destinada a entretener al caballero. Puede uno, incluso, codearse con la chusma, siempre y cuando la mirada denote el absoluto convencimiento de no formar parte de ella. Claro está, tampoco se debe mirar con demasiado detenimiento: no sería digno de un caballero. El espectáculo no merece una mirada detenida. Además, ¡hay pocos espectáculos dignos de la mirada detenida de un caballero!

El jugador, 1866. Ed. Bruguera, 1980. Trad. Victoriano Imbert. pags. 23-26.

31 dic 2014

Julio Cortázar (Maravillosas ocupaciones)

Antonio Gálvez, 1971

Qué maravillosa ocupación cortarle una pata a una araña, ponerla en un sobre, escribir Señor Ministro de Relaciones Exteriores, agregar la dirección, bajar a saltos la escalera, despachar la carta en el correo de la esquina.
Qué maravillosa ocupación ir andando por el bulevar Arago contando los árboles, y cada cinco castaños detenerse un momento sobre un solo pie y esperar que alguien mire, y entonces soltar un grito seco y breve, y girar como una peonza, con los brazos bien abiertos, idéntico al ave cakuy que se duele en los árboles del norte argentino.
Qué maravillosa ocupación entrar en un café y pedir azúcar, otra vez azúcar, tres o cuatro veces azúcar, e ir formando un montón en el centro de la mesa, mientras crece la ira en los mostradores y debajo de los delantales blancos, y exactamente en medio del montón de azúcar escupir suavemente, y seguir el descenso del pequeño glaciar de saliva, oír el ruido de piedras rotas que lo acompaña y que nace en las gargantas contraídas de cinco parroquianos y del patrón, hombre honesto a sus horas.
Qué maravillosa ocupación tomar el ómnibus, bajarse delante de Ministerio, abrirse paso a golpes de sobres con sellos, dejar atrás al último secretario y entrar, firme y serio, en el gran despacho de espejos, exactamente en el momento en que un ujier vestido de azul entrega al Ministro una carta, y verlo abrir el sobre con una plegadera de origen histórico, meter dos dedos delicados y retirar la para de araña, quedarse mirándola, y entonces imitar el zumbido de una mosca y ver cómo el Ministro palidece, quiere tirar la pata pero no puede, está atrapado por la pata, y darle la espalda y salir, silbando, anunciar en los pasillos la renuncia del Ministro, y saber que al día siguiente entrarán las tropas enemigas y todo se irá al diablo y será un jueves de un mes impar de un año bisiesto.

Julio Cortázar, Historias de cronopios y de famas, 1962.

18 ago 2014

Las cifras (Don DeLillo)

Jackson Pollock, Number 1A, 1948, 1948

Norteamérica, tanto entonces como luego, era un sanatorio de toda clase de estadísticas. Las cuidábamos. Intentábamos comprenderlas. Hacíamos lo posible porque mejoraran. Las cifras eran importantes, ya que, cualesquiera que fueran los temores que pudiéramos haber tenido con relación al descarrío de nuestras mentes, todos ellos se veìan alejados en gran medida por la satisfacción de saber con exactitud el modo en que estábamos enloqueciendo, a qué nivel de decibelios, a qué mach de velocidad y bajo qué fuerza de arrastre aerodinámico. Así, se producía una locura transferida, un desdoblamiento, entre las propias cifras y aquellos que las creaban y mimaban. Las necesitábamos enormemente, de eso no cabe duda. Mediante las cifras éramos capaces de camuflar nuestras dudas. Las cifras convertían el día presente en algo soportable, servían de heraldo de los sobrecogedores excesos del futuro y almacenaban con sutil y engañosa configuración nuestros recuerdos, por así decirlo, del pasado. Nos convertían a todos en científicos por naturaleza. Reinara la guerra o la paz, nos afanábamos en el recuento de los cuerpos. (...) Mirando atrás, recuerdo cuán importante era para mí el hecho de definir una situación o un periodo de tiempo con tantas cifras como lograba reunir. Se me antojaban los auténticos ayudas de cámara de la claridad. Si hoy me encontrara en mi lecho de muerte y no supiera en qué fecha vivía, probablemente mis células se resistitían a rendirse. Sin un calendario, un cronónmetro o una taza de medidas en la mesilla de noche, me sería imposible saber cómo morir. 

Americana, Don DeLillo, p. 174-175, (1971), Circe, 1999.

20 jul 2014

Dostoyevski (la forma alemana de acumulación de riqueza)

Otto Dix, Bildnis der Eltern I, 1921 

- Prefiero pasarme toda la vida como un nómada, en una tienda de kirguises -exclamé-, que adorar al ídolo alemán.
- ¿A qué ídolo? -gritó el general, que ya empezaba a enfadarse de verdad.
- A la forma alemana de acumulación de riqueza. Llevo poco tiempo aquí, pero lo que he podido observar y comprobar exaspera mi naturaleza tártara. ¡No quiero saber nada de semejantes virtudes! Ayer tuve tiempo de dar una vuelta por los alrededores. Todo exactamente como en esos libros moralizantes alemanes con ilustraciones: en cada casa está el Vater, tan virtuoso y tan honesto. Da hasta miedo acercarse a él de puro honrado que es. No soporto a las gentes honradas, a las que da miedo acercarse. Todo Vater tiene su familia, y por las tardes leen juntos en voz alta libros edificantes. De fuera llega el rumor de los castaños y los olmos. El sol se pone, en el tejado hay una cigüeña y todo resulta tan poético y tan conmovedor... No se enfade general, déjeme que se lo cuente de forma aún más conmovedora. Yo mismo recuerdo cómo mi difunto padre nos leía por las tardes, bajo los tilos, libros semejantes, a mi madre y a mí... Ya ve usted que puedo hablar de esto con conocimiento de causa. Aquí, una familia así vive en la más absoluta esclavitud y obediencia al Vater. Todos trabajan como bueyes y ahorran dinero como judíos. Supongamos que el Vater ha ahorrado unos florines y cuenta con el primogénito para transmitirle su oficio o tierras. Para eso, no se da dote a las hijas y éstas se quedan solteras. Para eso, se vende al hijo menor como criado o como soldado, y el dinero se une al capital familiar. Créanme, esto aquí se hace: me he informado bien. Y se hace por honradez, por honradez redoblada, hasta el punto de que el hijo menor cree que lo han vendido por honradez. Y eso ya es el ideal, cuando la propia víctima es feliz de que la inmolen. Y, luego, ¿qué? Que también el primogénito pasa lo suyo: tiene a su Amalchen, a la que se siente sentimentalmente unido, pero con la que no puede casarse porque no han ahorrado bastantes florines. También esperan, virtuosos y sinceros, y van a la inmolación con una sonrida en los labios. Las mejillas de Amalchen se hunden. Ella se marchita. Pero pasan veinte años y los bienes se han multiplicado: ya han ahorrado bastantes florines honesta y virtuosamente. El Vater bendice al hijo cuarentón y a la Amalchen de treinta y cinco años, de pecho seco y nariz colorada... y el Vater llora, les echa un sermón y muere. El primogénito se convierte a su vez en un Vater virtuoso y la historia se repite. A los cincuenta o setenta años, el nieto del primer Vater ya ha acumulado un capital considerable y se lo transmite a su hijo, y éste, al suyo. Y a la quinta o sexta generación aparece el mismísimo barón Rothschild, o Hoppe y Compañía, ¡o el diablo sabe el qué! ¡Qué espectáculo tan grandioso: el trabajo heredado de generación en generación durante cien o doscientos años de paciencia, inteligencia, honradez, carácter, firmeza, cálculo y una cigüeña en el tejado! ¿Qué más quiere usted? Nada más sublime, y desde su altura ellos mismos empiezan a juzgar al mundo y a castigar a los culpables, es decir, a todos los que no sean completamente iguales a ellos.

El jugador, 1866. Ed. Bruguera, 1980. Trad. Victoriano Imbert. pags. 44-46.