Deauville, le bateau du Havre à Trouville, 1913
28 sept 2014
23 sept 2014
20 sept 2014
Pieter Janszoon Saenredam (interiores)
The Interior of St. Bavo, Haarlem, 1628
Interior of Saint Bavo, Haarlem, 1631
The interior of the church of St Catherine, Utrecht, 1636
The interior of the Grote kerk, Haarlem, 1636-37
The Nave and Choir of the Mariakerk in Utrecht, 1641
The Interior of the Buurkerk at Utrecht, 1644
Interior of the Buurkerk, Utrecht, 1645
Cathedral of Saint John at 's-Hertogenbosch, 1646
The Interior of St Bavo's Church, Haarlem (the 'Grote Kerk'), 1648
Interior of the Sint-Odulphuskerk in Assendelft, 1649
Interieur Nieuwe Kerk, Haarlem, 1652
The Nieuwe Kerk in Haarlem, 1653
Interior of the Nieuwe Kerk at Haarlem, 1655
14 sept 2014
Raoul Dufy (Puerto de Le Havre)
Le port du Havre, 1905-06
Le port du Havre, 1906
Le port du Havre, 1908
Voiliers dans le port du Havre, 1925
Fête nautique au Havre, 1925
Bateaux au Havre, 1926
8 sept 2014
Bañistas cubistas
Georges Braque, Le grand nu, ou Baigneuse, 1907-08

Piccaso, Baigneuses dans une foret, 1908
Robert Delaunay, La ville de Paris, 1912
Albert Gleizes, Les baigneuses, 1912
Jean Metzinger, Les baigneuses, 1913
Picasso, Baigneuses au ballon, 1928
Fernand Léger, La baigneuse, 1931
Piccaso, Baigneurs sur la plage à la Garoupe, 1957
3 sept 2014
Henri Hayden (paisajes)
The red hill, 1968
Green landscape, 1968
Blue landscape, 1968
Fay-le-Bac, 1968
The sun, 1968
Orange landscape, 1969
Hayden landscape, 1969
Les sillons rouges, 1969
Courtablon, 1969
Untitled (Blue Landscape), 1971
31 ago 2014
26 ago 2014
Claude Monet (Puerto de Le Havre)
Impression, soleil levant, 1872
Le Grand Quai au Le Havre, 1872
Le Port du Havre, effet de Nuit, 1873
Le Havre, bateaux de pêche sortant du port, 1874
Le Havre, l'avant-port, 1874
Le Bassin du Commerce, Le Havre, 1874
23 ago 2014
Raoul Dufy (pescadores)
Pêcheurs à la ligne devant Sainte Adresse, 1907
Les pêcheurs, 1907
Anglers. Pêcheurs à la ligne, 1908
18 ago 2014
Las cifras (Don DeLillo)
Jackson Pollock, Number 1A, 1948, 1948
Norteamérica, tanto entonces como luego, era un sanatorio de toda clase de estadísticas. Las cuidábamos. Intentábamos comprenderlas. Hacíamos lo posible porque mejoraran. Las cifras eran importantes, ya que, cualesquiera que fueran los temores que pudiéramos haber tenido con relación al descarrío de nuestras mentes, todos ellos se veìan alejados en gran medida por la satisfacción de saber con exactitud el modo en que estábamos enloqueciendo, a qué nivel de decibelios, a qué mach de velocidad y bajo qué fuerza de arrastre aerodinámico. Así, se producía una locura transferida, un desdoblamiento, entre las propias cifras y aquellos que las creaban y mimaban. Las necesitábamos enormemente, de eso no cabe duda. Mediante las cifras éramos capaces de camuflar nuestras dudas. Las cifras convertían el día presente en algo soportable, servían de heraldo de los sobrecogedores excesos del futuro y almacenaban con sutil y engañosa configuración nuestros recuerdos, por así decirlo, del pasado. Nos convertían a todos en científicos por naturaleza. Reinara la guerra o la paz, nos afanábamos en el recuento de los cuerpos. (...) Mirando atrás, recuerdo cuán importante era para mí el hecho de definir una situación o un periodo de tiempo con tantas cifras como lograba reunir. Se me antojaban los auténticos ayudas de cámara de la claridad. Si hoy me encontrara en mi lecho de muerte y no supiera en qué fecha vivía, probablemente mis células se resistitían a rendirse. Sin un calendario, un cronónmetro o una taza de medidas en la mesilla de noche, me sería imposible saber cómo morir.
Americana, Don DeLillo, p.
174-175, (1971),
Circe, 1999.
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